De vuelta con las vueltas
Después de una temporadita en Barcelona... vuelvo cansado, pero con ganas. Con ganas de relax... con ganas de volver a la normalidad.
Estar en otra ciudad es algo extraño... Sobretodo si te rompen la luna con un ladrillo para robarte una PSP que encima ni es tuya... Sobretodo si te miran mal cuando respondes que no hablas catalán con cara de tonto... Sobretodo si te dicen que el jacuzzi de tu habitación cala al de abajo. Sobretodo si estás sólo, y encima trabajando.
Pero, no sé... aunque no me hubiera pasado ninguna de esas calamidades, es extraño estar en otra ciudad. Porque al menos a mí... siempre me pasa que creo confundir a la gente, a simples viandantes, con personas conocidas. O si alguien se me queda mirando... no sé, me da por pensar que igual me conoce, hasta que entras en razón y te acuerdas de que eres un forastero.
Otra de las cosas que siempre me pasan fuera... es que, de alguna forma me desinhibo. Me da por pensar que en la puta vida volveré a ver a esas personas... y me da por canturrear, hablar sólo... o hacer el loco, y gritar que me podría beber una leche caducada. Es una sensación liberadora.
De todas formas, lo peor de los viajes... son las vueltas, en las que quieres llegar a casa ya. Porque el viaje de ida, no sé, lo llevas de otra forma. Pero el de vuelta... buffff. El contar kilómetro a kilómetro... y ver que te quedan todavía unos 500... y hasta que bajas a los 400... arrggggg, que peor. El día que saquen un teletransporte, que simplemente chasquees los dedos, y aparezcas en casa... pienso ahorrar lo que haga falta, aunque tenga que dejar de salir, o comer todos los días pasta... para comprarme uno.
Una vez que ya llegas a zonas cercanas de casa, zonas que reconoces... la sensación es la leche. Y no digo ya cuando entras en tu amada Alcalá. O cuando llegas a casa, y piensas que en la puta vida te vuelves a ir. O... cuando te metes en tu cama, fresquita, y piensas que es la mejor cama del mundo.
Luego la normalidad, en el trabajo, en la panadería... al principio cuesta, porque parece como que te hubieras acostumbrado a la otra vida.
De todas formas, si algo me ha quedado claro en esta mía pequeña ausencia... Es que esté donde esté... siempre te llevo conmigo.
Escuchando "The Prayer" de Bloc Party
Estar en otra ciudad es algo extraño... Sobretodo si te rompen la luna con un ladrillo para robarte una PSP que encima ni es tuya... Sobretodo si te miran mal cuando respondes que no hablas catalán con cara de tonto... Sobretodo si te dicen que el jacuzzi de tu habitación cala al de abajo. Sobretodo si estás sólo, y encima trabajando.
Pero, no sé... aunque no me hubiera pasado ninguna de esas calamidades, es extraño estar en otra ciudad. Porque al menos a mí... siempre me pasa que creo confundir a la gente, a simples viandantes, con personas conocidas. O si alguien se me queda mirando... no sé, me da por pensar que igual me conoce, hasta que entras en razón y te acuerdas de que eres un forastero.
Otra de las cosas que siempre me pasan fuera... es que, de alguna forma me desinhibo. Me da por pensar que en la puta vida volveré a ver a esas personas... y me da por canturrear, hablar sólo... o hacer el loco, y gritar que me podría beber una leche caducada. Es una sensación liberadora.
De todas formas, lo peor de los viajes... son las vueltas, en las que quieres llegar a casa ya. Porque el viaje de ida, no sé, lo llevas de otra forma. Pero el de vuelta... buffff. El contar kilómetro a kilómetro... y ver que te quedan todavía unos 500... y hasta que bajas a los 400... arrggggg, que peor. El día que saquen un teletransporte, que simplemente chasquees los dedos, y aparezcas en casa... pienso ahorrar lo que haga falta, aunque tenga que dejar de salir, o comer todos los días pasta... para comprarme uno.
Una vez que ya llegas a zonas cercanas de casa, zonas que reconoces... la sensación es la leche. Y no digo ya cuando entras en tu amada Alcalá. O cuando llegas a casa, y piensas que en la puta vida te vuelves a ir. O... cuando te metes en tu cama, fresquita, y piensas que es la mejor cama del mundo.
Luego la normalidad, en el trabajo, en la panadería... al principio cuesta, porque parece como que te hubieras acostumbrado a la otra vida.
De todas formas, si algo me ha quedado claro en esta mía pequeña ausencia... Es que esté donde esté... siempre te llevo conmigo.
Escuchando "The Prayer" de Bloc Party
